The responsive people
Cómo desarrollar esta competencia para evolucionar en nuestra carrera y prepararnos para el futuro
En este artículo exploramos el concepto de adaptabilidad y profundizamos en el impacto que esta competencia puede tener en nuestra carrera profesional y en cómo vivimos el cambio en nuestra vida.
En las últimas décadas, la adaptabilidad ha sido objeto de estudio por parte de los especialistas, aunque, sin lugar a duda, este último año y medio la cuestión ha cobrado importancia en nuestra vida, en varios ámbitos (familiar, personal y profesional).
Hace unos años se creía que la competencia técnica y la inteligencia eran suficientes para una carrera prometedora. En la actualidad, es fundamental invertir en habilidades y competencias conductuales y emocionales para lograr buenos resultados.
Una de estas habilidades es la adaptabilidad y mi objetivo en el presente artículo es ofrecer algunos consejos sobre cómo desarrollar esta capacidad para mejorar aspectos en nuestra vida profesional e incluso personal.
Es la capacidad de adaptación ante nuevas situaciones o transformaciones. Por ejemplo, si aplicamos este concepto a la biología, la adaptabilidad es una característica o comportamiento natural que hace que un organismo sea capaz de sobrevivir en un determinado hábitat. Ahora bien, este concepto básico sirve para comprender la adaptabilidad desde cualquier otro punto de vista como una respuesta al cambio.
J.F. Kennedy dijo esta frase que pasó a la posteridad: «El cambio es ley de vida. Cualquiera que solo mire al pasado o al presente, se perderá el futuro.»
Todos reconocemos la dificultad de enfrentarnos a la incertidumbre, en un momento u otro de nuestro camino. Pero hay algo que es seguro: los cambios vendrán, independientemente del miedo que les tengamos o por más o menos que nos opongamos a aceptar lo que es nuevo. Y ante ello solo podemos decidir cómo nos enfrentaremos a lo que va a venir: con optimismo o con pesimismo.
Cuando desarrollamos la adaptabilidad, demostramos no solo nuestra capacidad de adaptarnos y aceptar los cambios sino también de aprender con ellos y ser conscientes de sus puntos positivos.
Un caso práctico
Imaginemos que hemos llegado a la conclusión de que es necesario cambiar de casa por la dificultad de pagar los impuestos de la casa actual. Es un cambio necesario, pero no significa que estemos contentos con ello. Es seguro que todo el proceso de búsqueda de una nueva casa, la mudanza y reorganizar la vida en la nueva residencia va a ser difícil.
Ante esta situación, tenemos dos opciones: resignarnos a la nueva condición, mientras sentimos que estamos retrocediendo o hemos fracasado de alguna forma; o intentar centrarnos en el lado positivo: será una oportunidad para volver a equilibrar nuestras finanzas, recuperar la tranquilidad e incluso volver a empezar en un nuevo barrio, conocer gente y lugares nuevos, ampliar nuestra red de contactos y aprender cosas nuevas.
En resumen, la adaptabilidad nos permite ver el mundo desde una perspectiva optimista. Y, además, nos proporciona herramientas para seguir evolucionando y construir el futuro.
La flexibilidad y la adaptabilidad son competencias cada vez más valoradas en el contexto empresarial. Los cambios nos han afectado de forma irreversible, no solo en la forma de comunicarnos y relacionarnos con la gente, sino también en nuestra forma de trabajar. Los estudiosos del tema propusieron hace unos años el concepto «coeficiente de adaptabilidad» (CA).
Del mismo modo que se estableció el «coeficiente intelectual» (CI) o el «coeficiente emocional» (CE), el CA mide el nivel de adaptabilidad del profesional en distintas situaciones, concretamente en las más adversas.
Natalie Fratto, vicepresidenta de Goldman Sachs en Nueva York, afirma que el CA agrupa un conjunto de habilidades que permiten abandonar las ideas obsoletas, identificar lo que es relevante y sacar provecho de la situación actual. Las habilidades fundamentales de un profesional con capacidad de adaptación son:
Flexibilidad: la capacidad de enfrentarse a diferentes situaciones.
Curiosidad: la búsqueda y el interés por todo lo nuevo.
Valentía: la capacidad que permite superar el miedo y enfrentarse a los cambios.
Resiliencia: la habilidad de superar crisis y dificultades sin perder los valores y la esencia.
Ahora que conocemos su importancia, ¿cómo aplicamos estos principios a los nuestros y a nuestra carrera? ¿Cómo podemos desarrollar o mejorar estas competencias en beneficio nuestro?
La adaptabilidad de carrera es la capacidad de reinventarnos ante los cambios de la vida profesional. Los profesionales deben desarrollar la capacidad de adaptación y flexibilidad para conseguir adaptarse y tener éxito en el ecosistema de talento presente y futuro. Para llegar a ser profesionales flexibles con una elevada capacidad de adaptación es necesario:
Las personas curiosas y valientes suelen tener un perfil más flexible, lo que favorece una mayor capacidad de adaptabilidad. Sin embargo, cualquier persona que esté dispuesta a superar sus creencias limitantes y que quiera comprender y experimentar lo nuevo puede desarrollar y perfeccionar esta competencia. Las creencias limitantes son prejuicios o pensamientos consolidados a lo largo de nuestra vida que nos impiden crecer en el ámbito personal o profesional.
Estas son algunas sugerencias para desarrollar la capacidad de adaptación profesional:
Es necesario controlar nuestras emociones para adaptarnos, especialmente a situaciones adversas. La gestión de las emociones empieza con el autoconocimiento y comprender que son respuestas inconscientes y automáticas. Es importante identificar lo que provoca una determinada emoción y saber cómo podemos evitar sus efectos.
Esta habilidad está relacionada con la valentía y la disposición a asumir riesgos. A menudo, nos quedamos paralizados en lugar de tomar una decisión porque nos dejamos dominar por el miedo. Y el problema es que cuando nosotros no decidimos, otros deciden por nosotros, sin tener en cuenta nuestras prioridades. No hay que tener miedo a llevar las riendas de nuestra carrera.
Todos hemos oído alguna vez aquello de que en las crisis se esconden las oportunidades y de que las crisis se traducen en grandes cambios. El secreto está en evaluar de forma amplia las posibilidades que resultan de cualquier transformación, aunque al principio parezca negativa.
La adaptabilidad requiere una visión positiva del mundo, es decir, una perspectiva optimista. Al contrario de lo que muchos creen, ser optimista no significa ignorar los puntos negativos, sino elegir conscientemente dar prioridad a los aspectos positivos. Así pues, el optimismo es una elección que debemos tomar a diario. Las personas optimistas ganan en perspicacia para ver las oportunidades.
El ser humano necesita seguridad para sentirse bien, por ello, es normal que cree zonas de confort. Sin embargo, el aprendizaje y la adaptabilidad requieren abrazar lo nuevo para poder crecer o evolucionar.
Ante lo nuevo, nuestro cerebro se estimula y crea nuevas conexiones neuronales que se traducen en nuevas formas de pensar y actuar. No importa qué aprendizaje sea, aprender es vital para desarrollar la adaptabilidad. Y la razón es simple: adquirir nuevos conocimientos forma parte de cualquier proceso de adaptación.
Al finalizar este artículo, espero que haya servido para aclarar la definición de la adaptabilidad y reconocer las ventajas de desarrollar esta competencia en tu propio beneficio personal y profesional, presente y futuro.
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